Un sueño que empieza a cristalizarse

Martín está en su oficina, con la vista clavada en la puerta, como quien mira una espera. De pronto suena su celular. Lo mira ansioso; atiende enseguida. “Buenas tardes”, dice la voz detrás del teléfono. “Lo llamo para avisarle que la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), después de estudiar seria y detenidamente todas las variables de su propuesta, resolvió aceptar la donación para construir la escuela de Jaureguiberry. Pueden pasar a firmar cuando quieran”. Martín respiró hondo y soltó el aire. Como nunca, lo abrazó una hermosa sensación de alivio. Después de cinco años de trámites y actividad incesantes, esta rúbrica era lo único que faltaba para que Nevex pudiera concretar la donación a la ANEP y comenzara a tomar visos de realidad el sueño de la escuela autosustentable en Jaureguiberry.

Martín es Espósito, un montevideano de 30 años vinculado a la comunicación que a principios de 2011, tras ver el documental “El guerrero de la basura” (que muestra el método de construcción del  arquitecto estadounidense Michael Reynolds con neumáticos, latas y botellas, entre otros materiales), focalizó la mayor parte de sus energías en pos de desarrollar en Uruguay una estructura habitable con esas características.

Varios meses después, en una conversación con su amiga Victoria Gómez (quien es hoy también responsable del proyecto), Espósito pensó que la mejor obra para difundir el método Reynolds era una escuela pública. Desde el vamos tuvo claro que sería un camino plagado de desafíos –convencer a todos los actores involucrados de las bondades del proyecto; lograr adaptar la institucionalidad actual a procesos menos tradicionales; apostar a sinergias entre instituciones diversas, entre otros–, que deberían sortearse con perseverancia y paciencia.

En 2012 entonces, tras definir que la construcción sería efectivamente una escuela, Espósito y algunos de los otros amigos que a esa altura colaboraban de forma intensa con él (Joaquín de la Sovera, Camilo Balverde, Federico Palermo y Lucía Cardozo) se acercaron a la ANEP. El organismo, tras analizar en detalle diversas condiciones del proyecto, eligió a Jaureguiberry como el lugar ideal para levantar un establecimiento educativo para nada convencional. “Hacía 25 años que los vecinos del balneario pedían contar con una escuela propia”, cuenta Espósito. “Tenían una de pequeñas dimensiones gestionada por ellos mismos, con espacio para 34 niños, que funcionaba en una casa alquilada, por lo que no se le podían hacer grandes mejoras”, agrega.

La que empezará a construirse el 1 de febrero tendrá una superficie de 270 metros cuadrados y capacidad para 100 niños. Esto será a partir de la llegada de Reynolds y su equipo, quienes contarán con la colaboración de cien personas de Uruguay y de varios países de los cinco continentes que llegarán para aprender el revolucionario método del arquitecto que visitó Uruguay en mayo de 2015.

Este centro educativo, pensado para interactuar de manera amigable con el entorno, contará con un espacio adecuado para cultivar alimentos orgánicos, y será autosuficiente en lo que refiere a la calefacción y la generación de energía eléctrica.

“Estamos súper felices y convencidos de que será un muy buen aporte a la educación”, concluye Espósito. “Cuando se trabaja con ganas y dedicación, los objetivos siempre pueden cumplirse”.

Ya queda muy poco para llegar al final de esta historia. Prohibido bajar los brazos.