“La escuela a la que nos hubiese gustado ir cuando éramos niños”

En un clima de fiesta, este miércoles 16 de marzo la primera escuela sustentable de América Latina se entregó a sus verdaderos dueños: los alumnos. Estuvieron acompañados de autoridades de gobierno y municipales, actores públicos y privados y organizaciones locales. Hubo emoción, llantos, abrazos y risas. Y, sobre todo, la sensación del deber cumplido.

“Yo los veo subir al techo y los pongo a flamear como banderas”, dice entre risas una de las maestras en medio de un grupo de alumnos en ebullición. La tarde está cayendo en Jaureguiberry y el entorno es el de una fiesta: hay luces, música, abrazos y saludos. “¿De qué país venís?”, le preguntan unos alumnos a un fotógrafo, quizás porque en estos días se acostumbraron a convivir con extranjeros llegados desde todo el mundo. Algunos les acomodan la moña y otros los peinan. Saben que están viviendo una jornada única y no quieren dejar detalles librados al azar. Una maestra reparte escarapelas entre los niños. “¡Mirá esta foto! Después te la paso”, le dice una madre a otra. Varios de los invitados lucen la remera de La Escuela Sustentable.

Sobre uno de los costados hay una gran pantalla que reproduce algunos de los videos que se grabaron durante el mes que duró la construcción de la escuela. La comunicadora María Inés Obaldía, quien oficia de maestra de ceremonias, se ubica en el atril, toma el micrófono y les da la bienvenida a todos los presentes. “Amigas y amigos de la escuela pública. Nuestro interés es que ustedes nunca olviden esta jornada, que atesoren para siempre este momento. Porque estamos compartiendo aquí la concreción de un enorme esfuerzo colectivo. Con particularidades únicas que nos distingue como país y distingue al sistema educativo. Lo mejor que nos puede pasar es que nos acostumbremos a vivir así. A crear instancias como esta, que nos enorgullece”, dice, y recibe una multitud de aplausos. Y pide aplausos también para los verdaderos protagonistas del evento: los alumnos.

A su lado, en una mesa, se encuentran, entre otros, el profesor Yamandú Orsi (intendente de Canelones), el doctor Robert Silva y la maestra Elizabeth Ivaldi (del Codicen), la maestra y magíster Irupé Buzzetti (directora general del Consejo de Educación Inicial y Primaria), los consejeros Laura Motta, Héctor Florit y Pablo Caggiani, Jorge Ginel (gerente general de Unilever) y Martín Espósito (de Tagma). También Rafael Muñiz (de la Liga de Fomento de Jaureguiberry), Alicia Álvarez (la maestra directora de la escuela), Ivon Lorenzo (alcaldesa del Municipio de La Floresta) y Gonzalo Gagliardi (integrante de la Comisión de Fomento de la escuela). Entre el público se encuentra la ministra de Educación y Cultura, la doctora María Julia Muñoz, y la ministra de Turismo, Liliam Kechichián.

“Todos queremos participar en este día histórico”, dice Obaldía. Y entonces le cede la palabra a Martín Espósito, el referente de Tagma. Antes de que pueda comenzar a hablar estalla entre el público un largo y fuerte aplauso para él. “Seguro me emocione”, advierte. Y luego cuenta cómo Tagma vivió el proyecto desde hace cinco años. Dice que la idea original se les presentaba como “un viaje a la luna”. “Somos un grupo de amigos que no sabíamos nada de construcción. Pero queríamos hacer algo mucho más grande que nosotros mismos. Algo que nunca habíamos hecho, pero que ahora es un sueño cumplido. Con este proyecto tuvimos la posibilidad de dejar de protestar y empezar a proponer. Hacer algo para cambiar lo que creemos que puede ser diferente”. Dice que la clave fue reunir a muy diversos actores con un objetivo en común. “Juntos logramos crear una escuela pública igual a la que nos hubiese gustado ir cuando éramos niños. Quisimos crear una que cambie el concepto de escuela, donde los padres y las comunidades se sumen para preparar a los niños para el futuro, conviviendo en equilibrio con el entorno. Y esto es solo el principio. Ojalá que se transforme en un símbolo para todos. Para poner foco en cosas que nos trasciendan y empezar a pensarnos como una parte del mundo en el que vivimos, donde el agua, el aire y la tierra se respeten y sean mucho más esenciales para nuestra vida que cualquier tecnología. Lo que sucedió acá en estos dos meses es la demostración de lo importante que es que nos conectemos como seres humanos. En este país, donde somos tan poquitos, podemos unirnos en causas que nos acerquen cada vez más. Porque no hay trabas ni excusas que nos detengan si nos mantenemos unidos. Esto es una invitación a seguir trabajando. Nosotros vamos a seguir trabajando porque ahora sabemos que los sueños se pueden convertir en realidad”.

A su turno, Jorge Ginel, de Unilever, destacó que la palabra “sueño” fue la que más se usó en este tiempo. “En nuestro caso, como compañía, trabajamos cada día por la sustentabilidad; es el centro de todo lo que hacemos. Y buscamos que sueños como éste se puedan hacer realidad. Que la vida de las personas sea cada día mejor y que la sustentabilidad sea parte de cada uno”. Contó que Nevex apoya desde hace 16 años a la Escuela Pública, entre otras cosas, entregando túnicas y moñas a todos los alumnos del primer año. “Porque cuando Tagma nos vino a contar de este sueño, nos enamoramos inmediatamente de él. Les dijimos que había mucho trabajo por delante pero que queríamos acompañarlos. Hoy es una realidad. Nos da orgullo, satisfacción y una enorme alegría haber podido compartir esto”, dijo Ginel.

A continuación se compartió en la pantalla gigante un video – grabado en parte por los propios alumnos – donde se mostró todo el desarrollo del proyecto. Al terminar, Nevex hizo entrega de forma simbólica de las túnicas para los alumnos. Luego Rafael Muñíz, de la Liga de Fomento de Jaureguiberry, destacó tres conceptos que aparecieron en el video: compromiso, solidaridad y trabajo en equipo. Contó que el trabajo de la Liga fue apoyar porque fue “admirable ver en acción a los voluntarios en las intensas jornadas de calor”. Muñíz apuntó el deseo de que la escuela pueda replicarse en otros lugares del país. En la misma línea, Irupé Buzzetti sostuvo que la construcción fue posible porque personas como Martín Espósito y “sus compinches” tienen “ideas locas”, que son puestas a pensar en la escuela pública. “Nos enorgullece que la gente siga pensando que el camino es la escuela pública. La escuela enseñó a vivir y ahora enseñará a convivir. Este lugar será una ventana del Uruguay hacia el mundo”, dijo. Y anotó que los maestros “nunca dejan de soñar”. Anunció además que las autoridades ya definieron que la escuela tendrá también una maestra de inicial.

El intendente Orsi cerró la oratoria y agradeció a los vecinos y a los integrantes de la Liga de Fomento de Jaureguiberry por “la pelea que desde hace años dan por lo medioambiental, por la constancia y por la defensa de lo público”. “Ustedes son el sostén organizar y sostener en el tiempo propuestas que, como estas, necesitan de una maduración. Así se hace futuro. Esto es lo que queremos. Cuando hay gente que confía, podemos caminar juntos como país y como comunidad. El Plan de Ordenamiento de la Costa de Oro la Intendencia está poniendo la lupa en Jaureguiberry por su impronta medioambiental”, destacó el intendente.

Luego se entregaron – por parte de Martín Espósito y Jorge Ginel – las llaves de la escuela a la maestra directora Alicia Álvarez, a Buzzetti y a los alumnos. Y ellos mismo invitaron a todos los presentes a recorrer la escuela, que fue “invadida” con entusiasmo desbordante por los presentes.
Hubo entonces más abrazos, felicitaciones, brindis, sonrisas y lágrimas en los ojos. Mientras, por los parlantes sonaba la banda Don Nadie y su canción que, esta noche más que nunca, fue y es el himno de este proceso y que en algunas de sus partes dice:

Al mundo lo hacemos todos / es un camino y tenés un lugar
Tengo la suerte de poderte encontrar / y compartir lo que somos
Las inquietudes que nos envuelven / y estar atentos a todo
Porque de todo se aprende / desde el patio de la escuela hasta el mar